Dades personals

No te creas nada de lo que leas, y mucho menos de lo que no leas aquí.

dijous, 19 de març del 2020

La Cuarentena


La casa de Antonio parecía perfecta. Anna, Julia y Marta habían avisado que llegarían sobre las 15.00.  Marco y Ferran llegarían más tarde. Esa mañana del día 14 de marzo habían decidido que si tenían que hacer cuarentena, la iban a hacer juntos. Se habían repartido lo que cada uno iba a llevar. La casa de Antonio era grande y estaba lo suficiente aislada para hacer que esta cuarentena se llevara de manera más rápida.
Los 6 eran jóvenes de 30 años sin muchas cargas familiares. Antonio vivía solo en la casa que le habían dejado sus padres. Era escritor, aunque nunca había publicado nada. Ferran y Anna llevaban un año viviendo juntos. Se conocían desde la adolescencia y siempre habían sido los novios ideales. Julia y su hermana Marta Vivian con sus padres en un piso de la calle Valencia en Barcelona. Las dos eran maestras de primaria, no tenían novio e iban siempre juntas. Marco era abogado, trabajaba en Barcelona, pero vivía en Hospitalet. Todos se conocían desde hacía muchos años. Habían hecho muchos viajes juntos y, normalmente, se consultaban para tomar decisiones importantes. Por eso, cuando el presidente del gobierno declaró el estado de alarma en todo el país, decidieron recluirse juntos.
El puto Coronavirus estaba asolando el país, y ellos habían decidido que si llagaba el fin del mundo, lo iban a pasar juntos.
Fueron llegando poco a poco. Cada uno había traído comida, bebida,… todo lo que pudieran necesitar. Sabían que tendrían que salir a comprar, pero eso era algo que aún no les preocupaba. La casa de Antonio era espaciosa, con 5 habitaciones y un enorme comedor con chimenea. Fueron almacenando toda la comida en la gran nevera que había en la cocina y empezaron a repartirse las habitaciones.
La casa estaba en Sant Esteve Sesrovires, pero el centro de Martorell estaba más cerca que el centro de Sant Esteve. A escasos 150 metros de la casa pasaba la carretera que unía Piera con Martorell, pero estaba lo suficientemente escondida para que solo se pudiera llegar a ella si se había ido antes. Era el sitio perfecto para esconderse del mundo. El coronavirus no era el apocalipsis zombie, pero ellos querían alejarse lo máximo del resto de gente.
Una vez acomodados se sentaron alrededor de la gran mesa de mármol que había en el comedor.
Cada uno de ellos fue explicando cómo habían cerrado sus casas y como se habían despedido en el trabajo.
- bueno, para esta velada os tengo preparado un juego. –era Antonio el que proponía uno de sus habituales juegos.
- ¡a esto me refería! –dijo Ferran. – aquí comienza la diversión.
-cada uno de vosotros tiene un sobre de un color concreto. Dentro del sobre encontréis preguntas que, una vez respondidas os indicaran donde podéis encontrar el siguiente sobre.
- Tenemos que hacerlo individualmente o podemos hacer en parejas. –era Julia la que hablaba.
- podéis hacerlo como os dé la gana, pero al final solo puede haber un ganador. El cómo lo hagáis no importa, solo vale el cuándo, ya que en cuanto uno de vosotros acabe, el juego habrá terminado.
A Ferran le tocó el sobre rojo, a Julia el verde, a Anna el azul, a Marco el blanco y a Marta el rosa.
Cada uno fue cogiendo su sobre y se apartó del resto para poder abrirlo y leer su contenido. Todos los sobres contenían las mismas preguntas.
Eran 5 preguntas, y al final de todo explicaba que una vez tuvieran las respuestas, debían dejarlas por escrito en el congelador de la nevera y así al día siguiente se les entregaría el siguiente sobre. Las preguntas eran las siguientes:

1.- en esta serie, que letra va a continuación:
EFMAMJJASON   ___

2.- Dos padres dieron a sus hijos la paga semanal. Uno de ellos entregó a su hijo 15.000 pesetas. El otro dio al suyo 10.000 pesetas. Sin embargo resultó que ambos hijos juntos aumentaron su capital únicamente en 15.000 pesetas.
¿Cómo se explica eso?

3.- Es un hecho constatado que en la primera guerra mundial, cuando se empezaron a usar cascos metálicos, el número de soldados heridos por impacto en la cabeza aumentó.
¿Cómo se explica eso?

4.- en un accidente de coche murió un hombre. Su hijo pequeño, que también viajaba en el vehículo, sufrió graves heridas, y fue trasladado a un hospital. Al llegar al quirófano, el medico encargado de operarle dijo al verle:
“no puedo operar a este niño, es mi hijo”
¿Cómo se explica esto? (no era un matrimonio gay)

5.- Un reo ha sido condenado a muerte. Al dirigirse hacia el patíbulo el día de su ejecución, se encuentra con dos puertas custodiadas cada una por un guardián. El verdugo que le acompaña le ofrece la posibilidad de salvar su vida.
-tienes que elegir una puerta –le dice al reo- una te llevara a la libertad, pero la otra te conducirá hasta la muerte. Antes de decidirte puedes hacer la pregunta que quieras a uno de los dos guardianes, pero debes saber que uno dice siempre la verdad y el otro miente siempre.
El reo no sabe qué guardián dice la verdad y cual miente, ni en qué puerta se encuentra cada uno.
¿Qué pregunta debe hacer el reo para saber con seguridad la puerta que debe elegir para evitar la guillotina?


Y a partir de aquí, queridos lectores, es cosa vuestra que ellos salgan del confinamiento. Poned las respuestas en los comentarios y continuaré el relato.

dimarts, 17 de març del 2020

Un dia de pesca por Oregón


John Smith vivía en un pueblecito del estado Oregón llamado Boring. Trabajaba en la gasolinera Shell que había a la entrada del pueblo. Su mujer no salía nunca de casa, era él el encargado de hacer las compras para toda la familia.
Su gran pasión era la pesca. Todo el año esperaba que empezara la temporada de pesca para poder ir todo un fin de semana a pescar con su amigo Mike. Su lugar preferido para pescar era el Lost Lake, muy cerca del Mont Hood. Allí acampaban en la naturaleza y pescaban todo lo que podían.
El lunes 16 de marzo John empezaba sus vacaciones y salía junto a Mike a y su perra Trish, una espléndida perra labrador, en dirección a su lago preferido. Este año iba a ser diferente, ya que por fin podía estrenar su nueva y flamante camioneta, una Chevrolet Silverado HD con motor V8 Duramax Turbo-Diesel con 1.233 Nm.
A las 4 de la tarde llegaban a su destino. Buscaron un buen sitio para acampar, hicieron un buen fuego y se dispusieron a pasar la primera noche en la naturaleza. Dieron buena cuenta de las cervezas Coors que habían comprado en Boring y se fueron a dormir pronto. Por la mañana fueron al lago a investigar y encontrar el sitio ideal para poner sus cañas, cuando se dieron cuenta que el lago estaba completamente congelado. Eso no iba a impedir que disfrutaran de su pasión, por lo que cogieron la camioneta y, conduciendo, entraron a la superficie helada del lago. Aparcaron sobre el lago y se dispusieron a hacer un agujero para poder pescar con sus cañas último modelo.
A las tres horas se dieron cuenta que no iban a pescar nada. No había picado ningún pez y se estaban empezando a desesperar. Fue en ese momento cuando a John se le ocurrió una maravillosa idea. Fue a la camioneta y trajo algo que tenía dentro de una caja metálica.
- Mira Mike, con esto vamos a pescar todos los peces del lago.
- Pero ¿qué demonios es eso?
- Dinamita, la voy a lanzar todo lo lejos que pueda, la explosión romperá el hielo y matará y aturdirá a una gran cantidad de peces, solo tendremos que ir con la red y recogerlos.
- No se John, yo no lo veo muy seguro.
- No te preocupes, ya lo he hecho otras veces -mintió John.
Los dos se alejaron unos 50 metros de la camioneta y se dispusieron al lanzamiento. Mike le encendió la mecha a la barra de dinamita que John tenía en su mano. John se dispuso a lanzar la dinamita lo más lejos que podía.
No fue hasta que la dinamita había salido disparada cuando John se acordó de Trish. La obediente perra salió disparada en dirección a lo que su amo había lanzado. Era su juego preferido, seguro que cuando entregara el palo a John, este le daría una recompensa...
John hizo un gran lanzamiento, pero justo al momento que la dinamita contactaba con el hielo, Trish llegaba a su altura, la recogía con la boca y se disponía a entregársela a su amo.
Mike y John miraron la escena horrorizados. No tuvieron mucho tiempo para pensar, por lo que de manera instantánea John cogió la escopeta de caza que llevaba colgada al hombro y disparó a su fiel Trish. El impacto le dio de lleno en lado izquierdo. Pero las balas que llevaba la escopeta de John no eran de caza mayor, eran para cazar pequeños animales, por lo que no mataron instantáneamente a Trish. Únicamente la hirieron. Y en ese momento Trish hizo lo único que podía hacer, esconderse. Y ¿dónde podía esconderse?, efectivamente, debajo de la camioneta Chevrolet Silverado.
La explosión se oyó por todo el lago. Trish reventó en pedazos. La camioneta aguantó el fuerte impacto, pero el hielo se rompió, y la Chevrolet acabó en el fondo del lago.
John y Mike pasaron varios días decidiendo si llamaban a alguien para que viniera a buscarlos. Al final el hambre pudo con la vergüenza y llamaron a la policía local y les explicaron lo que les había sucedido.

Dicen por Oregón que aún se oyen las risas del agente de seguros al que le reclamaron que le pagaran la camioneta.

dimecres, 11 de març del 2020

Compradora compulsiva


Maria Albadalejo era una buscavidas. No había trabajado nunca el su vida más de tres meses en el mismo sitio. Camarera, repartidora, cuidadora de ancianos, limpiadora… había hecho de todo en su vida. Últimamente no trabajaba, ya que a sus 57 años había conseguido una paga por invalidez. No era mucho dinero, pero le servía para ir tirando. Dedicaba las tardes a dar vueltas por los centros comerciales. No es que robara, pero siempre estaba atenta a posibles despistes de los compradores compulsivos que gastaban un dinero que ella no tenía. Bueno, sí que robaba. Todo lo que podía, ropa, comida, colonias, hasta juguetes. Siempre había alguien dispuesto a pagar por lo que ella, tan inteligentemente, conseguía.

A Joana y a Carlota les encantaba ir de compras. Era su pasión. Los centros comerciales eran su segunda casa, L’Illa, Diagonal Mar, La Maquinista, Glòries… los de Barcelona eran sus preferidos. Una tarde de compras y un bocadillo en el Viena eran su rutina favorita. Últimamente habían descubierto que fuera de Barcelona había otros centros que también estaban muy bien. Habían descubierto Barnasud de Gava, el Vilamarina en Viladecans,… y el Splau en Cornellá. Este era su favorito. Habían descubierto que podían llegar allí en coche sin ningún problema. El parking era gratis y estaban todas las tiendas que a ellas les gustaban.
La tarde del martes diez de marzo la pasaron comprando y mirando escaparates. El hecho de que se estuviera propagando el virus COVID -19 (Coronavirus) hacia que hubiera menos gente de lo habitual, lo que hacía mucho más fácil el pasear y mirar tiendas. Compraron un montón de cosas, en el H&M, en el Bershka, y en otras tiendas que no eran de grandes cadenas. Estuvieron en La Casa del Libro mirando libros de autoayuda. Incluso Carlota se compro un libro de cuentos de Jorge Bucay.
Pasaron una tarde muy agradable, y a las siete decidieron que ya era hora irse para casa.
Bajaron hasta el segundo subterráneo y, después de dar unas cuantas vueltas, encontraron el Jeep Gran Cherokee del padre de Joana que usaban cuando salían de la ciudad. Dejaron todas las compras en los asientos de atrás, y se dispusieron a salir de allí. El coche arrancó a la primera, pero empezó a hacer unos ruidos extraños y de repente les vino un olor pestilente a carne quemada. Joana apagó el motor.
-¿que ha sido ese ruido?
-Ni idea. Pero ese ruido no es normal.
-abre el capó del motor –dijo Carlota.
-no tengo ni puta idea de cómo se abre.
-ahí abajo, a la izquierda hay una palanca roja, tira de ella.
Joana y Carlota se bajaron del coche y fueron a la parte delantera del coche. Carlota levantó la tapa. Las dos gritaron horrorizadas.


Maria había ido al Splau porque le habían dicho que, pese al Coronavirus, había mucha gente. Era cierto, había más gente que en otro sitios, pero no la suficiente como para poder esconderse entre la multitud cuando tuviera problemas. Dio varias vueltas observando a la gente, buscando posibles víctimas. Se fijó en dos chicas muy monas. Las dos iban con pantalones elásticos de color negro brillante. Las dos llevaban caros zapatos de tacón y chaquetas de marca. Las dos iban cargadas de bolsas. Las fue siguiendo hasta que entraron a La Casa Del Libro. Se sentó en los sofás que hay justo delante de la entrada. Al cabo de un rato salieron con otra bolsa más. Para desgracia de María, las dos bajaron por la rampa mecánica. Las siguió hasta el parking y allí vio como se subían en su coche. Allí ya no podía hacer nada. Se dio media vuelta y subió a la primera planta del centro comercial. Después de 10 minutos se dio por vencida. Ese día no iba a poder llevarse nada. Estaba saliendo a la calle por la puerta que hay junto al Mercadona, cuando volvió a ver a las dos chicas. Esta vez llevaban solo una bolsa. Era una bolsa de la tienda Desigual. Sin dudarlo ni un segundo se acercó rápidamente y le quitó de las manos la bolsa a la chica más alta. Salió corriendo por el acceso junto al restaurante José Tomas, que en ese momento estaba vacío. Extrañamente ninguna de las dos salió corriendo detrás de ella.


Carlota y Joana vieron horrorizadas el interior del motor del Jeep Cherokee. Un gatito estaba atrapado en la correa del ventilador del coche. Al arrancar el motor, lo habían decapitado.
Carlota estaba paralizada, pero Joana actuó rápidamente. Entró en el coche y sacó la bolsa de Desigual que previamente había vaciado. Le dio la vuelta y con mano metida dentro fue recogiendo los restos del gatito. Una vez guardados todos los restos dentro de la bolsa le dijo a Carlota que tenían que tirar la bolsa en la basura e informa al centro comercial que había gatos en el parking. Volvieron a subir a la primera planta y fue allí donde una loca, aparecida de la nada, le arrancó la bolsa de la mano a Joana. Como vieron que no podían hacer nada, volvieron al bajar al parking, se subieron al coche y se fueron del centro comercial.
Al salir a la calle vieron muchas luces de policía y ambulancias. Al llegar a la altura del incidente vieron a una mujer muy parecida a la que les había robado la bolsa de Desigual tumbada en una camilla.
-un ataque al corazón –oyeron que una mujer gritaba.
Vieron como subían a María a una ambulancia, mientras lo hacían, un camillero le estaba poniendo la bolsa de Desigual bien colocada entre los brazos.



dissabte, 7 de març del 2020

Verano del 94


Chema era un chaval de 24 años con toda la vida por delante. Había acabado una carrera de letras en la Barcelona postolímpica, lo que le garantizaba que no iba a encontrar trabajo fácilmente. El verano de 1994 iba a ser uno de los veranos más inolvidables que iba a pasar. Hacia unos meses había finalizado la relación que tenía con su novia del instituto. Ocho años de noviazgo con altibajos que finalizó de una manera natural. Con los estudios acabados y sin ningún trabajo estable a la vista, había pasado los últimos meses buscando algún trabajo fuera del país, cuanto más lejos mejor. Había ido a Madrid a hacer unas pruebas para poder estudiar en la escuela de cine de San Antonio de los Baños en La Habana, pero el examen no le había ido bien y no le habían llamado.
A principios de julio empezó a trabajar en un Campus deportivo especializado en Tenis. Allí enseñaba a jugar al tenis a niños y niñas de 3 a 12 años. Era el segundo año que lo hacía. Era un trabajo fácil y realizado en buen ambiente. Todos los otros monitores eran chicos y chicas jóvenes como él, lo que hacía que siempre estuvieran de buen humor. El año anterior había conocido allí a Mónica. Una monitora de tenis que, como él, en ese momento tenía pareja, por lo que en ningún momento hubo ningún tipo de acercamiento. Pero este año la cosa era diferente. Desde el principio el tonteo entre los dos era evidente. Y aunque ella seguía saliendo con su novio, eso no impedía que pasaran mucho tiempo juntos. En el fondo eran muy diferentes, él estaba en ese momento obsesionado con las películas de Luis Buñuel y con El Gabinete del Doctor Caligari y ella tocaba el piano y le gustaba Pimpinela. Esa diferencia de carácter no impidió que entre ellos surgiera algo que en ese momento no era más que un tonteo.
Todas las tardes empezaron a quedar, siempre con otros monitores, y los jueguecitos empezaron cada vez a ser más serios.
El día 10 de julio, Chema recibió la noticia que más estaba esperando, le habían admitido en una Universidad en Seattle (USA) para trabajar durante todo un año. ¡Era la noticia que estaba esperando! Nada le podía hacer más feliz. Bueno, ¿nada?
 El 17 de julio Italia y Brasil jugaban la final del mundial de EEUU de fútbol. A Chema no le gustaba el fútbol, pero era una buena excusa para salir con el grupo de monitores con los que habían hecho una buena pandilla. Allí estaba Chema, Geles, Jordi, Soraya y, por supuesto, Mónica.
Fueron a cenar y luego fueron a un bar a ver el partido en pantalla gigante. Para cuando Roberto Baggio falló el penalti que dio el título a Bebeto y Romario, Chema y Mónica ya se habían quedado solos. Un paseo bajo la luz de la luna hasta la puerta de la casa de ella, sólo pudo acabar en un beso, que fue el primero de muchos.
La situación era la que era, él se iba en un mes a pasar un año fuera. Ella tenía novio. Y estaba en la mili. No había mucho que perder. Solo disfrutar del momento. Sin pensar mucho en el futuro.
Fueron días extraños. Se veían a escondidas, evitando a la gente, aunque sus compañeros de trabajo rápidamente se enteraron de su relación.
Cada tarde, al salir del trabajo, se veían en un bar cercano. A veces junto a Geles y Jordi, otra pareja que se estaba formando. Algunas tardes iban a la playa. Por alguna extraña razón iban a la playa de Ocata en El Masnou, aunque tenían playas más cercanas, sabían que en esta no se iban a encontrar a nadie conocido.
El primer fin de semana casi no se vieron. Su novio estaba de permiso y no había posibilidad de encontrarse. El domingo por la noche, una vez él se había ido al cuartel, quedaron otra vez. Esa semana no se separaron casi en ningún momento. Era la última semana de trabajo en el Campus, y ese viernes 30 de julio se iban con todos los monitores a cenar a un restaurante de Barcelona. Aunque realmente esa noche no pasó nada, por la cabeza de Chema sí que pasaron muchas cosas. Llevaban dos semanas viéndose a escondidas y en breve él se ira muy lejos. Tenía decidido irse a USA, por lo que no podía pedirle a ella que dejara a su novio. Nunca, en todo este tiempo, le pidió que diera ese paso. Lo que sí hizo es prometerle que volvería y que podrían repetir todo lo que pasó ese verano.
El cinco de agosto, junto con otros monitores, se fueron a pasar unos días al camping Cala GoGo de Platja D’Aro. Allí no se separaron ni un solo momento. El día lo pasaban en la playa y las noches eran una juerga constante. Allí Chema, Mónica, Geles, Jordi, Soraya, Elisa y Sebas lo pasaron como nunca en su vida lo iban a pasar. La juventud, el Mediterráneo, la música, las risas,… tenían todo, nada les podía pasar, tenían toda la vida por delante. Todo era como uno de los anuncios que, años más tarde, harían los de Cervezas Damm.  Se lo pasaron tan bien, que algunos fueron con una pareja, y volvieron con otra…
Al cabo de unos días volvieron a sus casas. Chema tenía que preparar su viaje y el verano estaba llegando a su fin, todo y que no habían superado ni la mitad del mes de agosto.
Para él, estos últimos días habían significado mucho. En cualquier otro momento, la relación con Mónica habría sido un simple rollo de verano. Pero nada más lejos, ella se había metido en su cabeza e iba a ser difícil que nunca más saliera de ella.
El lunes 15 de agosto Chema a las 11.00 coge el vuelo 455 de la TWA con destino a Seattle.
Ante él se abría un nuevo mundo de oportunidades y de sueños por cumplir. Atrás dejaba un profundo amor por Mónica que no sabía hasta donde iba a llegar. El tiempo pondría todo en su sitio.

dimecres, 19 de febrer del 2020

El Mercedes de August


August Massó i Cortada era un barcelonés orgulloso de serlo. Un auténtico barcelonauta que paseaba por su ciudad con la cabeza bien alta.
En Navidad paseaba por la Feria de la Gran Via y compraba caganers en la feria de Santa Llucia. Para la Mercé iba al piro musical a Montjuic. Incluso era de los barceloneses que habían ido a la Sagrada Familia a oír misa, no como turista.
Siempre le habían gustado los turistas, no era un tema que le preocupara. El gran crecimiento turístico de la ciudad era para él un motivo de orgullo. Sus vecinos del piso de que tenía en la calle Rogent estaban desapareciendo por culpa de los pisos turísticos que abrían uno tras otro. En su caso, al ser propietario, no le habían ni subido el alquiler ni finalizado el contrato, pero ya era el único de la escalera que había nacido en la ciudad.
A su mujer, Gisela, la había conocido en unas jornadas que Convergencia Democrática de Cataluña había organizado en su barrio. Ella era todo lo que él había esperado de una mujer, católica, obediente, discreta, sin mucha belleza, ya que así no atraería a las tentaciones…
Su trabajo el Caixa le llenaba plenamente. Hacia su jornada laboral con alegría y llegaba a casa a comer los cocidos que Gisela le preparaba con mucho amor.
El final de la carrera política de su admirado Jordi Pujol había sido una de las mayores decepciones que había tenido en su vida. Lo había vivido de forma discreta, no podía creer que un político de la talla del President tuviera tantos trapos sucios. Siempre lo defendió ante sus amigos y esto le supuso algún que otro problema. En 2010 con el inicio del “proces” se distanció totalmente de sus amigos convergentes. No es que no quisiera la independencia de Cataluña, es que no podía creer que los políticos convergentes pudieran trabajar codo con codo con los perro flautas de las CUP o con republicanos de Esquerra. Para él Artur Mar era un traidor más que se había vendido a la izquierda por seguir en el poder.
Había vivido el octubre de 2017 desde la distancia. No había querido ir a votar, ya que no creía que ese referéndum fuera válido. Todo habría cambiado si Jordi Pujol, o Marta Ferrusola en su caso, se hubiera pronunciado a favor del voto. Los palos de la policía le habían indignado, pero las detenciones de los dirigentes políticos le habían parecido algo razonable, nadie se puede saltar la ley.
Prácticamente había dejado de leer La Vanguardia y de ver TV3. De vez en cuando veía Antena 3, pero tampoco le convencía.
En febrero de 2020 le quedaban únicamente dos años para jubilarse y en la Caixa ya le habían avisado que posiblemente finalizarían su contrato en unos meses, así pasaría a cobrar el desempleo y después poder cobrar una jubilación digna. El dinero tampoco le importaba mucho. El no tener hijos y al llevar una vida discreta junto a su mujer, le había permitido ahorrar algo. Únicamente se iba a permitir un capricho. El día que su jubilara iría de viaje a Roma a ver al Santo Padre. El único problema era que el actual Papa no le gustaba nada, no estaba a la altura del Papa Wojtyla o de Ratzinger. Este argentino iba a acabar con la santa iglesia en muy poco tiempo. Tenía la esperanza que, para cuando se jubilara ya hubieran cambiado al Papa, aunque eso era algo difícil.
El 17 de febrero el señor Massó decidió salir de la ciudad para ir a su querida montaña de Montserrat.  Junto con su mujer Gisela, se dirigió al parking que tenía desde los años ochenta alquilado en la calle Mallorca, a coger su Mercedes GLA recién salido del concesionario. Era lunes y no había mucha gente por la calle. Cuando llegó a la planta baja donde estaba su coche se llevó la gran sorpresa de que su coche había desaparecido. ¡Eso no le podía estar pasando a él! ¡Él que siempre tenía todos los papeles en regla, que siempre pagaba todos los recibos!
Acudió a la comisaria a poner la denuncia por robo. Allí le indicaron que era difícil que el coche apareciera. Esos modelos se robaban para vender en el extranjero, por lo que iba a ser muy difícil que lo encontraran en buenas condiciones.
August y Gisela se fueron a casa totalmente decaídos. La semana que se había pedido de vacaciones no iba a ser nada buena. Casi era mejor volver al trabajo. Eso hizo al día siguiente. Pero allí le dijeron que no podía volver hasta el lunes siguiente, por temas del sindicato, no podía renunciar a sus vacaciones.
De repente todo se había complicado. Sin coche para ir de vacaciones. Sin posibilidad de ir al trabajo… solo les quedaba salir a pasear por Barcelona. Podían hacer de turistas en su propia ciudad. Se dedicar a pasear por los alrededores de la Sagrada Familia. Se hicieron fotos con los edificios de fondo. Incluso comieron en un McDonalds. Dieron vueltas por el barrio, contaron la cantidad de cafeterías clónicas que habían abierto, Garnier, Vivari, 365, l’Obrador…
A los tres días August fue al parking a ver si los vigilantes habían encontrado alguna pista. Y cuál fue su sorpresa que su querido coche estaba aparcado en su plaza como si no hubiera pasado nada. Abrió con su llave y certificó que el coche estaba impecable. Ni un golpe, ni una rascada, nada de nada.
En el asiento del copiloto encontró una hoja que decía el siguiente texto:
“apreciado dueño de este coche, nos hemos llevado el coche por que lo necesitábamos para hacer un viaje de última hora. Se lo devolvemos en perfecto estado y con el depósito de gasolina lleno. Le adjunto unas  entradas al teatro a modo de disculpa.”
Efectivamente, había 2 entradas al teatro Poliorama para el sábado 22 de febrero para ver la obra de teatro “La Importancia de ser Frank”.
August corrió a su casa para darle la noticia a Gisela. Después llamó a los Mossos y canceló la denuncia. Todo parecía que volvía a la normalidad.
Llegó el sábado y se puso sus mejores galas para ir al teatro. Hacía más de veinte años que no iba a teatro, siempre le había parecido cosa de rojos, pero esta vez iba a ir como si fuera al Liceo, tenía que celebrar su buena suerte.
Cuando acabó la obra, que por cierto, no le gustó en absoluto, August y Gisela tomaron un taxi en la Rambla para ir a casa.
Había sido una noche un poco decepcionante, pero ya era hora de llegar a casa y empezar a pensar en ir a trabajar el lunes.
Al entrar en casa se dio cuenta de que algo no iba bien. Él había dejado la cerradura cerrada con doble vuelta y ahora ya no estaba así. Todo el piso estaba revuelto, las joyas, el dinero, todo lo de valor había desaparecido. Televisiones, teléfonos, aparatos electrónicos, ya no estaban. Toda la ropa de la pareja estaba tirada por el suelo, no habían dejado nada por remover. Los ladrones se habían tomado su tiempo, sabían que la obra duraba más de dos horas y aprovecharon el tiempo. Ningún vecino vio nada. De hecho, ningún turista vio nada.
August salió corriendo al parking de la calle Mallorca. En el sitio donde tendría que estar su coche, había un cartel con el siguiente mensaje:
“espero que os gustase la obra de teatro, gracias por todo”.

dijous, 6 de febrer del 2020

Sangre en Sitges


(Primera parte)
Se esperó a que no hubiera nadie en los lavabos para salir. No se oía ni una mosca, pero él sabía que podía haber alguien fuera. El cuerpo de Sergio pesaba como un muerto. Bueno, es que estaba muerto. El corte en la garganta había sido limpio, no le había dejado pedir ayuda, pero había hecho que la sangre saliera por todos los lados. Le registró la cartera. Solo trescientos euros. Le sacó la acreditación que llevaba al cuello y se la puso con cuidado de no mancharse mucho con la sangre que chorreaba de la garganta de Sergio.
Salió de lavabo entrando en el grandioso hall del Hotel Meliá. Efectivamente nadie lo vio salir ni entrar en la gran sala justo en el momento que empezaba la proyección. Siempre había sido muy fan de Kevin Smith, y poder ver TUSK como primicia en este festival iba a ser de lo más grande que había hecho nunca. El asesinato de Sergio únicamente culminaba parte de su obra. No le dejaba satisfecho, pero le calmaba por unos meses. Siempre y cuando no le pillaran. Pero eso no iba a pasar, había tomado suficientes medidas como para que nunca le pudieran relacionar con los asesinatos.

El comisario Llebot llegó al Hotel a las 7 de la mañana del día 12 de octubre de 2014. Entró al hall del hotel sorprendido de que no hubiera nadie esperando. Se acercó al mostrador y la recepcionista con gran diligencia le preguntó que qué podía hacer por él en un perfecto inglés de academia barata.
-         Soy comisario de la policía, me han llamado asegurándome que había habido un incidente.
-         Si, hola ¿qué tal?, están en el hall del auditorio, saliendo por la puerta principal a la derecha.
-         ¡Pero si vengo de ahí!
-         Siga la alfombra roja y los encontrará. Un compañero suyo esta a allí desde hace horas.
El comisario salió por donde le indico aquella pepona de barrios bajos con aires de azafata del un, dos, tres, y llegó hasta la alfombra roja que le había dicho.
Efectivamente, la alfombra dirigía a otra entrada del hotel. Fue entonces cuando se dio cuenta que aquello era la entrada a un autentico festival de cine. Con carpas, paneles para hacerse foto y toda la parafernalia. Había oído hablar del festival de cine de Sitges, pero nunca había ido allí. Ni al festival, ni a la ciudad.
El sargento Arias le estaba esperando en el interior. Se acerco a él rápidamente en cuanto le vio.
-         ¡Buenos días comisario!
-         Buenos días, ¿Qué tenemos?
-         ¡Muchísima mierda!
-         Ya será menos
-         Sergio Puerta, treinta y tres años. Degollado en los lavabos del cine. El asesinato debió ser sobre las 11 de la noche de ayer. El cine ha estado pasando películas hasta las tantas, pero como el asesino cerró el lavabo por dentro, no lo han encontrado hasta que las de las de la limpieza han ido a limpiar.
-         ¿Arma?
-         Una navaja o un cuchillo, no está en la escena del crimen.
-         ¿le falta algo?
-         Lleva la cartera vacía, pero podía ser que no tuviera ni un duro. No encontramos la entrada.
-         ¿Qué entrada?
-         La del cine
-         ¿Pero esto no es un festival?
-         Sí, pero todos llevan entrada
-         ¿Y que esa mierda que todos llevan colgada?
-         Supongo que es una acreditación.
-         ¿Y el tal Sergio no la llevaba?
-         No. Pero puedo preguntar si tenía alguna.
-         ¿Has visto ya las cámaras de seguridad?
-         No, le estaba esperando a usted
-         Pues vamos a verlas.
-         ¡Buenos días! Soy Antonio, el director del festival – dijo Antonio López, el que era director de festival desde hacía veinte años.
-         ¡buenos días!
-         ¿Cuándo podremos usar la sala?
-         Esta sala va a estar cerrada unas cuantas horas…
-         No puede ser, ¡tenemos maratón!
-         Aquí no va a pasar nadie más que los de la científica, y cuando estos acaben vendrá el juez, y cuando levante el cadáver, podrá entrar el equipo de limpieza.
-         Esto no puede ser, ahora mismo llamo al Conseller de Cultura y lo arreglo todo.
-         Puede llamar al Papa de Roma si quiere, pero aquí no va entrar nadie.
-         ¡Eso ya lo veremos! –dijo el director saliendo de la estancia.
Arias entró en el lavabo, mirando de reojo para ver si el comisario le seguía. Los dos llegaron hasta el lavabo donde Sergio aun seguía sentado en la taza del váter con la misma expresión de la noche anterior.
-         hemos mirado todo y creo que no hay ni una pista
-         que los de la científica lo huelan todo.
-         Ok, vamos a ver las cámaras.

Arias y Llebot llegaron al despacho donde estaba la seguridad del hotel. Un vigilante delgaducho y con pinta de rata de biblioteca les indico que se sentaran junto a unos monitores colgados de la pared.
-         Dentro del lavabo no hay cámaras, lógicamente, es ilegal. Pero en la entrada y el hall hay tres. Que horas quieren ver?
-         Tenemos que verlo todo, y queremos que envíe una copia a la central.
-         Ok, no hay problema por el envío. Y ahora ¿que quieren ver?.
-         ¿Que se hizo aquí anoche?
-         Buff!!!!, todo el día pasando películas, desde las 8.00 de la mañana hasta las 6,30 de la madrugada.
-         Sobre las diez treinta ¿que pasó?
-         A las ocho se proyectó BURYING THE EX, de Joe Dante,
-         Ese quien coño es?
-         El director de GREMBLINS.
-         De ¿qué?
-         Un clásico ¡tío!
-         Ni idea, ¿qué más?
-         Acabó a las diez treinta y a las once hicieron TUSK, de Kevin Smith.
-         ¡Ni flores!
-         Si hombre, ¡el de CLERKS!
-         Nada
-         Fijaros aquí como entra toda la gente.
-         ¿Van todos de uniforme?
-         ¿Qué dices?
-         Si hombre, parece que van todos vestidos igual, todos de negro.
-         Es el tipo de persona que viene a este festival
-         Y todos llevan acreditación colgando.
-         Todos no, alguno solo llevan la entrada que han comprado.
-         ¿Cómo puedo saber si Sergio Puerta estaba acreditado?
-         Preguntando a organización, ellos tienen la lista de todos los acreditados, por prensa, por VIP, por compra…
-         Y este es el ultimo en entrar…
-         Y precisamente sale del lavabo.
-         Si pero después se hicieron muchas más proyecciones.
-         Hasta que el forense no nos diga la hora exacta, creo que este, es nuestro sospechoso, dijo Llebot parando la imagen y señalando a Junior.
-         No creo que saquemos una imagen de él mejor (continuará)

(

dissabte, 1 de febrer del 2020

Fotos de historia

La fábrica de Airgam de L’Hospitalet estaba abandonada desde hacía treinta años. Tras una época brillante, en 1987 habían hecho suspensión de pagos. Las ventas de la campaña de navidad no cubrían las deudas de casi 250 millones de pesetas que tenían. 140 personas se habían ido a la calle. No había nada que hacer, la fabricación de juguetes no era un negocio rentable en la España de finales de los 80. La fabricación de juguetes en china había hecho que nada de lo fabricado aquí fuera competitivo.  Después de veinte años de éxitos vendiendo, sobretodo, muñecos de plástico, el sueño había llegado a su fin.
            Marc aparcó su citroen Xsara a unos 50 metros del número 157 de la carretera del Mig en L´Hospitalet, donde estaba la fábrica de Airgam. Ya desde la Avinguda Marina, había visto el rótulo de Airgam pintado en la pared. Habían pasado veinte años, pero aun nadie se había dignado a pintar sobre la pared lateral. Nadie lo había hecho porque nadie había entrado en esa fábrica desde que se fue su último trabajador. Marc pretendía hacer unas fotos de la fachada. Había oído que aún se podía leer el nombre de la empresa, y pensó que sus fotos quedarían perfectas en su nuevo blog. Historia de las fábricas de juguetes de Barcelona iba a ser un bombazo. Estaba haciendo un recorrido por todas las fábricas de juguetes que habían cerrado por la zona y lo iba a publicar en su blog. Creía que iba a ser muy original y que tendría muchas visitas.
            Según se iba acercando, sacó su cámara de fotos y fue disparando una cantidad inmensa de fotografías. Fotografió el frontal del edificio y los dos laterales. Fotografió la puerta de entrada e, incluso los timbres de acceso. Todo parecía semiabandonado. No parecía haber ningún tipo de actividad, ni en el interior ni en el exterior. Se acercó a la puerta y puso las dos manos contra el cristal con intención de mirar sin reflejos. Fue entonces cuando la puerta cedió hacia adentro. No estaba la llave echada. La sorpresa de Marc fue enorme, pero su curiosidad era más grande que el miedo a ser pillado y eso hizo que entrara a la fábrica. La estancia estaba sucia y llena de polvo, pero no había resto de actividad. No había papeles y rastro de nada que indicara que ahí hubiera ningún tipo de movimiento. Marc probó a abrir las puertas que daban a los laterales y estaban todas cerradas.  Subió las escaleras que accedían al primer piso. Allí estaban todas las puertas abiertas. La estancia era enorme, parecía ser el sitio ideal para poner maquinas que fabricaran juguetes. Ahora estaba totalmente desierta, pero él pudo imaginar que únicamente hacia diez años allí había habido un movimiento extraordinario. Gente moviéndose para arriba y para abajo. Carretillas elevadoras, traspales, operarios apilando cajas, oficinistas revisando pedidos… todo aquello había pasado. Allí ahora solo había un vacío enorme que conmovió a Marc de manera intensa. Fue haciendo fotos por toda la estancia y subió al piso de arriba. Allí no había nada. Suerte que los ventanales dejaban pasar la luz de día, porque por no haber, no había ni fluorescentes.
En la última planta encontró unas puertas que daban a estancias más pequeñas. Supuso que serían las oficinas de la dirección. Se imaginó que allí había estado Josep Magriá y sus trabajadores más de 20 años. No dejo de hacer fotos en ningún momento. Le iba quedar un reportaje esplendido, seguro que sería el que más visitas iba a tener. Sin darse cuenta pasó allí más de dos horas investigando y observándolo todo. Busco algún mueble, pero nada habían dejado que pudiera contener ni un papel, una factura que pudiera llevarse como trofeo. Se iba a tener que conformar con las fotos de las estancias. Por su cabeza había pasado todo el rato la posibilidad de encontrarse una caja olvidada en un rincón. Una caja que al abrirla contuviera varias series de Airgam Comics o algo mejor. Pero nada de eso paso. El vacío más absoluto.
Ya eran las cinco de la tarde y empezaba a hacerse de noche. No hacia frio para ser febrero, pero el hecho de oscurecer hacía que pareciera que el invierno fuera a llegar de repente.
Salió de la fábrica pensándose que se encontraría a alguien, que alguien habría llamado a la policía que se encontraría en un problema. Pero nada de eso sucedió. La calle seguía vacía y a nadie le importaba que él estuviera allí.
Se subió al coche mirando a ambos lados, aun tenía la sensación de estar haciendo algo malo. Cogió su cámara de fotos y revisó una a una todas las fotos que había hecho esa tarde. La verdad es que era un material esplendido. Él estaba radiante, estaba en una nube. La mezcla de haber hecho algo malo (colarse en una fábrica) y tener un material excelente producía en el una sensación de éxtasis.
Arrancó el coche, puso la primera y cuando el coche empezaba a circular, notó como desde el lado izquierdo algo impactó contra la puerta izquierda trasera.
No le dio tiempo más que a aparcar nuevamente a la derecha y fijarse que era un gran coche gris el que le había chocado por detrás. El coche gris aparcó delante de él.
Marc se bajó y fue directamente a ver cómo había quedado su coche. No había sido un gran impacto, pero la puerta trasera había quedado completamente hundida. La rueda no se había visto afectada por centímetros. Calculó que podría llegar a su casa, pero que la reparación del vehículo iba a ser imposible. Un coche de más de 20 años no lo iban a poder arreglar. El seguro iba a dar de baja al coche.
Todas estas ideas pasaban por su cabeza cuando se dio cuenta que no se había preocupado por el conductor del coche gris. Miró hacia delante y vio cómo se bajaba del Nissan Qashqai una chica de unos treinta años, morena, alta y esbelta. Iba vestida con unos pantalones negros y un jersey de cuello alto negro también. Llevaba los labios pintados de rojo intenso y su cara reflejaba una serenidad absoluta.
-hola, ¿te has hecho daño?
-no, ¡pero mira como me has dejado el coche¡ -casi gritó Marc.
-perdóname, no te he visto.
-pero ¡si yo iba por mi carril y tu me has envestido!
-se me ha girado el volante a la derecha sin querer, ¿me puedes perdonar?
Marc estaba muy nervioso. Los acontecimientos del día habían sido demasiado. Y ahora se iba a quedar sin coche por culpa de una niñata.
-necesitas sentarte –dijo Nieves, que así se llamaba ella.
-no necesito sentarme, ¡necesito un coche nuevo! –dijo Marc con un poco de agresividad.
-no te enfades conmigo, el seguro lo arreglara todo. En la vida hay cosas más importantes que tu coche. Seguro que todo se arreglará –dijo Nieves poniéndole la mano sobre el hombro.
En ese momento le llegó a Marc el olor al perfume que Nieves llevaba. Hasta ese momento no se había dado cuenta de lo atractiva que era. Y eso empezó a relajarlo un poco.
-¿podemos hacer un parte amistoso?, mi padre me matará si llego con otro golpe a su coche.
-no se…
-venga hombre, hay que tomarse la vida de otra manera. A lo mejor esto es algo bueno. El destino ha querido que nos uniéramos así.
-¿qué quieres decir?
-que a lo mejor este encuentro no es casual. Que tú y yo estábamos destinados a conocernos. ¿No crees en el destino?
-no, no lo sé –dijo Marc dubitativo. Una pequeña erección se había iniciado en su entrepierna.
-mira, vamos a relajarnos. Yo iba a casa de una amiga a cenar y llevo esto en el coche… -dijo Nieves entrando en su coche y sacando una bolsa del Corte Ingles.
-¿qué es eso?
- un Vega Sicilia de 1986. Toma. –Dijo Nieves pasándole la botella a Marc- bebe un poco que así te relajaras y luego nos vamos a tomar algo.
Marc cogió la botella y dio un pequeño trago. Nieves le miraba y con los ojos le animó a que bebiera más. Marc no lo dudó y bebió de un trago más de la mitad de la botella.
Entonces ella cogió la botella, vació el resto del vino en la alcantarilla que había al lado y metió la botella vacía en el coche de Marc.
-y, ¿ahora qué hacemos? –dijo Marc algo dubitativo.
-esperamos a la policía –dijo Nieves marcando el número de la policía local.